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Un retorno seguro al contexto aeronáutico es responsabilidad de todos

Tras meses de confinamiento producto de la crisis sanitaria por COVID-19, repentinamente se creó una desorganización en todo el mundo desde lo social, lo económico, educacional y la vida personal, viéndose abrumadas frente a este complejo escenario que, además de replantearse tanto personal como laboralmente las formas de vivir y convivir, detuvo las operaciones diarias dando paso a modificar abruptamente nuestro quehacer en la aviación.

Específicamente en el ámbito aeronáutico, un sector de constantes operaciones donde las tripulaciones contaban de agendas mensuales copadas, con horarios y horas de trabajo muy rigurosas, hoy se han visto detenidas casi en su totalidad y dando paso a realizar importantes modificaciones de personal, normativas, y en la flota de aviones, entre otras, reduciendo las operaciones al mínimo por todas las restricciones que cada nación ha impuesto para reducir la propagación del virus. Este tipo de acontecimiento ha involucrado en su totalidad a las personas, donde son ellas quienes desarrollan las empresas y su productividad.

Hoy vemos como decenas de empresas quiebran o reducen tanto su salario como el personal de vuelo por caídas financieras y quienes invirtieron toda una vida en formarse como pilotos son desvinculados abruptamente por las empresas aeronáuticas, dejando un vacío personal y laboral para sus involucrados. Esto no solo se ve en nuestro país, más bien es tema de muchas naciones, lo que lleva a generar una incertidumbre muy elevada de parte de las tripulaciones al verse sus vidas interrumpidas.

Es de suma importancia señalar que este inédito escenario tendrá una fecha de caducidad, que aún no sabemos, porque toda crisis cuenta con este factor. Sin embargo, el ámbito aeronáutico seguirá operando a pesar de todo lo que ha sido golpeado y con ello, plantear la idea de volver de forma segura a la industria es hablar de la psicoeducación como pilar que sostiene este escenario tan complejo en las personas, tanto para poder mediar y gestionar la crisis, como también para reivindicar la actitud individual de cada una de las tripulaciones que forman parte de este medio aeronáutico.

Las escuelas de vuelo por ejemplo, son agentes de cambio de miles de mujeres y hombres que quieren ser parte de las empresas aeronáuticas o líneas aéreas, otorgando una formación que contempla un importante factor de responsabilidad que conlleva a ilusiones y un programa de vida que se vio fuertemente interrumpido por este inédito acontecimiento en la historia del siglo XXI.

Como empresas formadoras de pilotos, han tenido que modificarse como agentes de cambio de una carrera que hoy está siendo golpeada en todos sus sentidos y, hoy por hoy al estar inserto en una escuela de vuelo como estudiante, terminan expuestos a aumentar la agonía y la incertidumbre de un futuro trabajo en el medio aeronáutico.

Como bien lo he planteado en columnas anteriores, crisis viene etimológicamente de krisis que significa tomar una decisión: esto equivale a fortalecerse o empeorar. Es por esto, que todos quienes formamos parte el medio aeronáutico somos agentes responsables de mantener una motivación con conocimientos al día donde los lazos con otros conduzcan al apoyo para quienes lo requieran ya que este será un pilar fundamental para poder retornar de forma segura las operaciones aéreas.
Varios programas académicos hoy se ven modificados en estas instituciones formadoras, dejándose ver que cada empresa ha apoyado a sus pilotos entregando material digital acorde a lo vivido. Esto ha llevado a modificar desde las conductas individuales de los pilotos, estudiantes e instructores, como sus relaciones interpersonales.

Por otro lado, se ve golpeada las percepciones de los pilotos en las empresas donde la incertidumbre, la desconfianza y las conductas empiezan a dar un giro abrupto acerca de sus comportamientos en torno a la empresa.

Este acontecimiento mundial ha modificado las conductas de todos, que interrumpidamente llego un sistema a nuestras vida donde dejamos de relacionarnos directamente con las personas, llevando un cubre bocas y siempre preocupados a no contagiarse, ya que esa es la preocupación de hoy en día: vivir desde un modo sobrevivencia y confinados, lo que genera mayor tasa de estrés en las personas y mayor irritabilidad frente acontecimientos que antes no tenían un significado mayor. Esto ha generado que las conductas y actitudes estén un tanto golpeadas, dando paso a interrumpir el aprendizaje, siendo este proceso una dificultad para algunos dado que nuestras emociones frente a este hecho son una montaña rusa de vivencias.

Desde una mirada psicológica, las emociones motivan la conducta de las personas y son de suma importancia al momento de aprender. Sin estas, no podríamos sobrevivir porque nos impulsan a comportarnos de una manera específica y el cómo gestionemos la situación será el resultado de afrontar esta crisis, entendiendo que las emociones son parte importante de nuestro comportamiento como fuerzas que impulsan nuestras conductas.

Si hoy todo el mundo está dentro este escenario tan complejo e incierto, es crucial la mirada de cada escuela de vuelo o empresas aéreas de poder potenciar y fomentar en su equipo este espíritu colaborativo, empático y formador, donde las futuras generaciones de pilotos y /o pilotos que vivieron una crisis fueron capaces de seguir con una actitud optimista, una gestión emocional favorable y con una actitud de seguridad ante todo riesgo.

Para crear instancias de educación y apoyo a las futuras tripulaciones y/o tripulaciones activas se requiere reactivar los conocimientos de manera sólida desde un lente del conocimiento de sí mismo y así potenciar habilidades técnicas como no técnicas en la instrucción en tiempos sin despegue. En tiempos sin vuelo, tenemos que recordar que el piloto disminuye su capacidad de resolver problemas, disminución de conciencia situacional y toma de decisiones, según indicó la guía “Cleared take off”, Paul Dickens ,2020.

Se debe fomentar un retorno seguro y es necesario iniciarlo con actitudes de disciplina y responsabilidad frente al rol de ser piloto. El ser piloto es un estilo de vida que no solo involucra volar, sino que también conlleva en sí deberes y responsabilidades que en tiempos de crisis se deben potenciar a pesar de no estar volando. Es por esto, que estos agentes formadores de futuros pilotos de las escuelas de vuelo y /o empresas aéreas, a pesar de estar viviendo una crisis inédita mundial, tienen la oportunidad de sustentar a las futuras tripulaciones de vuelo, modificando sus formas de educar a las personas.

Si una persona se conoce es capaz de superarse a sí misma, especialmente en tiempos tan complejos esta herramienta es crucial para sus representantes. Con esto se generan percepciones de seguridad y control de uno mismo, dando paso a comenzar este camino académico con una mirada integral y reparadora de esta contingencia, generando vuelos con percepciones sólidas, tanto técnicas como no técnicas, que potenciarán el retornar a las pistas con un despegue seguro.

“Las actitudes de los pilotos también son las responsables de determinar el progreso, la gestión y la efectividad de futuros contextos operacionales aéreos”.